Soy Rafa Cepa, al momento de crear este blog (año 2013) aún vestía el personaje de médico especialista en Medicina Interna, dedicado durante los últimos 17 años (de los 32 que llevaba ejerciendo como médico) a los enfermos terminales hospitalizados en la unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Virgen de las Nieves de Granada. Desde el año 1996 hasta abril del 2011 esta unidad de hospitalización de Cuidados Paliativos se encontraba en el emblemáticoHospital San Juan de Dios de Granada.
A partir del día 1 de Noviembre de 2013 abandono este personaje de bata blanca y comienza mi excedencia. Excedencia para no perder la vida, porque… ¿hay sitio para un hereje dentro del sistema?
¿A partir de ahora, qué?
Durante toda mi vida pasada he trabajado para conseguir que los pacientes muriesen en las mejores condiciones, sin dolor ni sufrimiento, para lo cual en ocasiones era irremediable dormirlos. A partir de ahora, mi propósito es que todos vivamos más despiertos y sanos.
Para ello, quiero compartir con vosotros mi experiencia a través de este blog y también podéis contactar conmigo personalmente si lo deseáis en mi correo racepa007@gmail.com.
He «comprado mi libertad» y al igual que los pájaros del cielo y los lirios del campo… Dios proveerá. No voy a trabajar para terceros ni voy a poner consulta privada, pero si necesitáis hacerme una consulta, aquí estoy.
El auténtico Rafa Cepa
Quizás, quien mejor me ha retratado en mis luces y mis sombras ha sido mi compañero de Cuidados Paliativos, Juan Romero, el día de la despedida. Con su chanza aguda, simpática, reímos mucho y me llegó al corazón:
Capítulo Primero
Que trata de la condición y ejercicio del famoso médico e hidalgo D.Cepa Quijote de San Juan y de Dios
En un lugar de Granada, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vive un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, consulta pasando, pluma refinada, rocín flaco y galgo corredor por Alhóndiga y Mesones.
Una olla de algo más vaca que carnero, que los animales ni verlos y por tanto nada de comerlos, salpicón las más de las noches, la leche ni olerla que urticarias graves produce, duelos y quebrantos en los sábados de guardia, coliglores los viernes, algún palomino de añadidura los dimongos, consumían las tres partes de su tercera planta terraza, que mira a San Antón.
Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarente, callada, lista y audaz y sus hijas que pasaban de los veinte, ningún mozo de campo y plaza que pudiera ensillar el rocín que tomara la podadera, más bien coche utilitario de los ochenta.
Pero ahora, termina una etapa…. y no tengo ni idea de qué puede traer el futuro.
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